Las niñas de trenzas y vestido

Por algún motivo son así, ya sea por que los padres quieren que la princesa ande con vestido y zapatitos de charol, cabello largo y peinado; o porque a la niña así le gusta vestir.

 

Yo quería ser pobre, y mi madre, princesa, pero su abuela quería que… realmente no sé qué quería de mi madre, no entiendo porqué le hacía usar los vestidos más viejos, o porqué le hacía ese peinado tan horrendo. Para ella tenía sentido, cuando era niña vio carretas recogiendo cadáveres en las calles, se tuvo que conformar con arroz y cáscaras de habas, su papá la levantó en brazos para que pudiera ver a Don Porfirio Díaz. Esa niña fue mi bisabuela.silueta-de-nina-con-trenzas-248941

 

Cuando era muy pequeña mi madre me ponía vestidos, zapatos lindos… pero yo no lo recuerdo, lo que sí recuerdo es que yo soñaba con un pantalón de mezclilla, pero debido a que siempre he sido muy flaca, no encontrábamos de mi talla. Un pantalón era mi sueño. Después me cansé de los pants y pantalones y me obsesioné con los vestidos enormes, tipo cenicienta o anastasia. Y desde que vi “Mujercitas” quise vestidos y guantes y sombreros, y ser pobre y jugar en la nieve e ir a traer leña al bosque. A veces me ponía un vestido de flores, con crinolina y los guantes de la escolta, como siempre tuve el cabello corto no podía hacerme trenzas, pero no importaba, tenía el sombrero de otro vestido y así yo era feliz. La calle de en frente era la estación de tren a la que yo llegaba tarde con mi maleta bajo el brazo, o estaba llena de nieve o era un lago congelado. Con un vestido estaba contenta.

 

Más que una princesa, quería ser pobre. Eso de que la gente hiciera las cosas por mí, o me ayudara a bajar del auto, o a levantarme cuando me caía, nunca me ha gustado. En algún momento lo necesité, pero no lo tuve, y cuando ya no me hacía falta, ahí estaba una mano, o una palabra, o un abrazo. Me gustaba ser pobre en mis juegos y tener que guardar las cosas para el invierno, morir de frío y recoger bebés que dejaran en la puerta, quedarme en casa para acomodar las cosas y salir al bosque a recoger frutos.

 

Mi madre tuvo trenzas, las odió y las odia, usó vestidos hasta el cansancio y en su guardarropa no hay ni uno solo. Yo quería el pelo largo, vestidos largos y pesados, pero ella, pensando que era mejor que yo estuviera cómoda, me pedía el pelo corto y me compraba pants y tennis. Ambas queremos nuestro propio cuento, creo que las dos somos niñas de trenzas y vestido, una porque lo tuvo que ser, la otra porque lo quería ser.

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