Posts Tagged ‘Piedras en el zapato’

Agh!

octubre 15, 2008

Pues se supone que hoy no iba a tocar la computadora, quesque para desconectarme del México particular que me hice en ella, pero no me aguanté, y la verdad es que, para qué demonios me metí a revisar este blog?! para nada, porque ni un solo comentario, nada de nada. Ya qué, vaya, tampoco espero multitudes pero… Neeee, así es que ahora me he amargado y mañana no entro, lo juro que no lo reviso! Agh!!!! Al final la única que se fastidia soy yo. Una mugrienta pérdida de tiempo…

Es tan cansado disfrazarte de niño

octubre 7, 2008

Pues durante el viaje me divertí mucho, pero hubo ocasiones en las que me sentía muy incómoda. Como cuando pasaba una niña y yo me decía: ay! y contemplaba rápida y discretamente. Porque bueno, cada niña que ve una por la calle. Y las otras chicas del intercambio se la pasaban viendo hombres, porqué yo no puedo ser libre de comentar como ellas?

 

Recuerdo que una vez estábamos esperando en una plaza y pasaron caminando dos niñas tomadas de la mano, tendrían 16 o 17 años. Inmediatamente pensé que qué lindo que pudieran hacerlo. Era obvio que eran novias y las envidié, porque en casa yo no podría hacerlo. Se mezclaron con la multitud y al voltear yo, me encuentro con la mirada de sorpresa y asco de Mafer (el diminutivo que no es diminutivo más torpe que se les pueda ocurrir, en mi opinión). Me molestó su cara.

 

En la habitación empezaban a hablar de que si tienes novio, que cuanto tiempo llevan, que si te habla seguido, que si lo extrañas. Y es tan cansado disfrazarla de niño, poner “o” cuando es “a”. Ejemplo: lo extraño, en lugar de “la”. Y tuve tentación de decirles que a mí los niños no me llaman, no me atraen, pero no pude, no quise. 

 

La gente es demasiado cruel. Y es que yo estoy orgullosa de lo que tengo con ella, soy feliz con mi niña y quiero poder decirlo sin que me rechacen. Entonces, para yo sentirme un poco más segura entre gente que ni conozco finjo, cambio las letras y le cambio el sexo.

 

No me gusta, me cansa, molesta y avergüenza porque no tengo el valor suficiente, porque tengo miedo. Ya no quiero tener miedo, quiero sentirme libre.